Sudáfrica es un país de contrastes y de abundancia que une a su diversidad natural y riqueza ecológica, la diversidad y riqueza culturales. Bañado por dos océanos, con sabanas, desiertos y bosques tropicales, en el país del arco iris, se encuentran el 10% de las especies de aves conocidas, junto con el 10% de las especies florales, la sexta parte de las especies marinas costeras del mundo y más clases de mamíferos que en toda América o Asia y Europa juntas.
Además posee algunas de las mejores reservas de fauna y flora de África, y playas a las que arriban miles de tortugas y desde donde es posible contemplar la fastuosa migración de las ballenas, así como tumbarse a tomar el sol rodeado de pingüinos. Únicamente en esta nación del extremo sur de África es posible observar a grandes felinos, ballenas, pingüinos, aves tropicales, delfines, leones marinos y tiburones blancos, sin salir de sus fronteras.
Parque Kruger
Entre los innumerables parques y reservas naturales que salpican Sudáfrica, el Parque Nacional Paul Kruger es la mayor reserva natural del país y uno de los principales santuarios de la vida salvaje de África.
Kruger hace frontera al norte con Zimbabwe y al este con Mozambique, y con 350 km de norte a sur y más de 70 de este a oeste tiene una extensión similar a la de Gales. Se constituyó en 1898, tan sólo dos décadas después del Parque Yellowstone -el hogar del oso Yogui-, que fue el primer parque nacional declarado de cuantos existen en el mundo.
La reserva debe su nombre y su creación a Paul Kruger, presidente de una de las repúblicas boer que lucharon por su independencia de la corona británica. Cuando Kruger decidió su creación, el Parque estaba diezmado por la caza incontrolada y las epidemias. La acción de los traficantes de marfil dejó a Kruger, a principios del siglo XX, con una población de cinco elefantes, actualmente habitan más de 8000.
El visitante puede recorrer el Parque con su propio vehículo durante las horas de luz, y dormir en su interior en alguna de los múltiples alojamientos que ofrece. Únicamente en Sudáfrica es posible realizar un safari nocturno en un todoterreno abierto con expertos guías. Y es precisamente, la noche, el momento más propicio para el encuentro con los ‘big fives’. Los cinco mamíferos que cautivaron a los cazadores del siglo XIX -león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo-, son uno de los mayores atractivos del Parque.
Entre el Índico y el Atlántico
Las aguas de Sudáfrica contienen una extraordinaria riqueza biológica debido a un fenómeno único que se produce al mezclarse las frías y ricas aguas de la corriente de Benguela, que recorre la vertiente atlántica, con las calidas de la corriente de las Agujas, que desciende del Índico. Esto permite que en algunas épocas del año convivan especies típicas de aguas tropicales junto a otras de aguas más frías. La diferencia de temperatura a escasos kilómetros produce fenómenos singulares, como que las mismas especies de peces tengan diferente color. El cabo de Buena Esperanza, llamado así por los portugueses cuando Bartolomé Díaz alcanzo sus costas en 1488, es donde tradicionalmente se ha querido ver el encuentro de las dos corrientes, la unión de los dos océanos.
A pocos kilómetros del Parque Kruger, junto a la frontera sur de Mozambique, comienza la costa sudafricana, extendiéndose a lo largo de más 3000 kilómetros, y llegando hasta la frontera con Namibia, en el océano atlántico. En estas costas podemos encontrar una variedad de fauna marina difícilmente comparable, debido en parte a los más de quince grados de diferencia de temperatura, entre las cálidas aguas de las playas del norte del Índico y las frías aguas del Atlántico.
En las playas del norte del litoral índico, en especial Kosi Bay y Sodwana Bay, todos los años entre los meses de diciembre y enero, cientos de tortugas depositan sus huevos en la arena. Así mismo, a poca distancia de esta costa se encuentra el mejor lugar del país para practicar el submarinismo.
Al otro extremo del litoral, cerca de Seal Island, en False Bay, se estima que vive la mayor población de tiburón blanco del planeta. Estas costas son las únicas en el mundo que permiten avistar al gran tiburón a escasos kilómetros de la misma. El mejor lugar para observar a estos escualos se encuentra a unas dos horas de travesía. Saliendo del puerto de Kleinbaai Harbour, cerca de Gansbaai, es posible admirar a este imponente animal, incluso los más valientes pueden meterse en una pequeña jaula, de unos dos metros de altura y uno de diámetro, y observar su fiereza debajo del agua.
Otro de los atractivos de las costas sudafricanas es el avistamiento de ballenas. Tres tipos de estos cetáceos recorren sus costas durante sus migraciones, entre los meses de junio y noviembre. La pequeña población de Hermanus, a una hora en coche desde Ciudad del Cabo, es el mejor lugar para la observación de estos impresionantes mamíferos. Unas 2000 de estos cetáceos peregrinan desde las frías aguas del sur hacia las aguas más calidas del Índico. Algunos ejemplares llegan a curiosear dentro de las bahías, haciendo sencillo su avistamiento desde tierra.
En Hermanus es muy popular la figura del avistador de ballenas, un simpático personaje que recorre las playas, y hace sonar una bocina cuando divisa alguna. Aunque se pueden ver ejemplares de ballena azul y jorobadas, la más abundante es la llamada franca, nombre debido a la facilidad con que las cazaban los arponeros. Esta caza incontrolada la dejó al borde de la extinción, aunque hoy día su número ha aumentado considerablemente. Algunas se acercan a escasos metros de las barcazas utilizadas para los avistamientos, provocando con sus saltos fuera del agua, un espectáculo difícil de narrar.
En Simon´s Town, a pocos kilómetros de Ciudad del Cabo, se encuentra la playa de Boulders, la casa de los llamados pingüinos urbanitas. Éstos llegaron a Boulders a mediados de los años ochenta, y aunque nadie conoce muy bien el motivo, probablemente fue debido a la abundancia de peces, ya que la pesca comercial se prohibió hace años en la bahía. Son fácilmente visibles, en Simon´s Town, las señales de tráfico que advierten del peligro de cruzarse con estos pingüinos en la carretera, que gustan de darse paseos por el pueblo. Actualmente, la colonia cuenta con unos 3000 ejemplares de la especie africana que tienen su hogar en una parte acotada de la playa, aunque los más atrevidos suelen invadir la zona reservada a los bañistas, haciendo de Boulders el único lugar del mundo donde se puede nadar entre pingüinos.
Tal vez la mejor manera de reflejar la majestuosa vida animal de Sudáfrica, sea la frase tantas veces repetida: “el único lugar del mundo…”









Jue, 12 Nov, 2009
Destinos