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Decir Cuba es decir Caribe. Y cuando el 99% de los cubanos hace referencia a su tierra, piensa sólo en la que se conoce como "Isla Grande". Cuando unimos ambos conceptos describimos más de 5.000 km de costas bañadas por aguas cristalinas. En Cuba, hablar de fondos dañados, contaminación, incluso de frío tras una inmersión les es ajeno. Describir visibilidades por encima de los 40 metros, ausencia de corriente, dive masters de actitud relajada o un almuerzo con langosta no es un tópico, es la realidad que se confirma día tras día. O al menos las verdades que se repiten en los dos enclaves que aquí mencionamos. Viajar a María la Gorda y el Hotel Colony en la Isla de la Juventud es viajar a bucear. Ambos se hallan a más de 40 km del pueblo más cercano, en puntos privilegiados de un litoral prístino. Ambos ofrecen decenas de localizaciones, grandes paredes y una miríada de peces coralinos. Tal vez la Isla de la Juventud destaca por sus cañones y buceo profundo, también por la visita de algún pelágico. María la Gorda barre si hablamos de visibilidad e inmersiones sosegadas, cuando el placer se describe por un azul turquesa que te envuelve hasta el infinito.
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